viernes, 19 de junio de 2009

Sojanismo (II)

En el 2003 el sojanismo deja de ser un vicio secreto de la Argentina profunda y comienza a hacerse público como alternativa aceptable para la búsqueda del placer individual. Incluso desde el poder se lo percibe como una práctica que merece ser apoyada por sus aparentes beneficios para la salud y bienestar de la Nación en general. Algunas voces discrepan: un seminario sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad dictado por la Dra. Alicia Massarini, cuyas conclusiones podían obtenerse en la web del Instituto Arendt advertía ya en ese entonces sobre los peligros del sojanismo como práctica generalizada: el placer inmediato que proporcionaba podía conducir a sufrimientos posteriores extensibles a toda la sociedad, incluso y sobre todo a aquella parte que no hubiera sucumbido aún a la tentación sojanista. Podía inferirse de dichas conclusiones la máxima:

“Pan (bajo en colesterol) para hoy, hambre (y enfermedades, y pobreza) para mañana”.

Pasado un tiempo, los gobernantes llegan a la misma conclusión y deciden que el sojanismo no es el camino, pergeñando medios para poner coto a su difusión. Pero cometen el mismo error que todos los gobernantes del mundo civilizado cuando intentan enfrentar a otra adicción masiva como es la del tabaquismo: eligen una metodología de gravamen impositivo para limitar el consumo o en este caso la práctica, en lugar de la lisa y llana prohibición. Difícil es decir hoy si hubieran podido decidir otra cosa, dado que ingresos fiscales importantes también estaban en juego; pocos son los adictos que logran salir de su adicción de un día para el otro.

En cualquier caso, puede asegurarse que, cualquiera que hubiese sido el método elegido, ya era tarde. Usando la mano invisible del mercado para su práctica, el sojanismo permite alcanzar cotas de placer nunca alcanzadas hasta entonces. El dolor ante la posible pérdida o limitación de dicha práctica genera en los sojanistas actitudes mucho más violentas que la prohibición de fumar en los restaurantes, traduciéndose éstas en estallidos de cólera colectiva por parte de los más conspicuos de entre aquellos. Haciendo uso material de la iconografía fundacional del sojanismo -enormes tractores, enormes cosechadoras controladas por GPS, y sobre todo enormes y relucientes 4x4- paralizaron al país entero en un frenesí desesperado ante la hipótesis de una rebaja en el placer obtenido con sus prácticas sojanistas.

Ante tanta desesperación, políticos de la oposición se sumaron cortando carreteras y autocalificándose como “los únicos que siempre apoyaron el sojanismo”. Grupúsculos de extrema izquierda coreaban el slogan “Sojanismo y liberación”.

El sojanismo subió entonces un peldaño en el imaginario nacional: ya no sólo había practicantes; ahora había creyentes.

En ese estado de cosas, los portavoces de los que más intensamente practican el sojanismo, y los más señalados de entre los defensores del nuevo credo, diseñaron lo que se dio a conocer como “La Vía Porteña al Sojanismo”.
Continuará....