Desde que llegué a la Argentina, allá por el lejano Agosto del 2009, algo se me ha hecho costumbre casi adicción: ver el canal Encuentro.
Para los que parafraseando al rayuélico Cortázar están del lado de allá, (nativos o naturalizados) y lo desconocen, Encuentro es un canal de televisión creado por el Ministerio de Educación de la República Argentina, con el objeto de formar y educar a través de la pequeña pantalla. Este objetivo, que suelen acometer muchos gobiernos de todos los países del mundo con resultados casi siempre espantosos, aquí por el contrario está plenamente conseguido: casi todos los programas de producción propia (no digo todos porque sencillamente no vi todos) son extraordinariamente amenos e ilustrativos. Pienso en algunos de ustedes, de los de allá (Dani, Chico, Rosay, mi hermano Pedro, José el francés, aunque creo que todos) y sé que disfrutarán mucho. Y digo disfrutarán porque en http://descargas.encuentro.gov.ar/ pueden ver todos los programas de producción propia.
El canal nace por iniciativa del gobierno de Néstor Kirchner, dirigido en su primera etapa por Tristán Bauer, extraordinario documentalista ganador de montones de premios (y que ahora dirige todo el sistema nacional de medios públicos, con resultados notables). En la producción de sus programas participan directores importantes, como el fallecido Eduardo Mignona (director de Sol de otoño), Julia Solomonoff (Hermanas). Campanella (director de la extraordinaria "El secreto de sus ojos", en cartel a ambos lados del Atlántico) dirige y participa en Entornos invisibles de la ciencia y la tecnología, un ejemplo de cómo se puede hacer algo muy educativo extremadamente ameno y divertido.
Quizá podría asimilar este proyecto al del canal franco-alemán Arte, del cual forma parte en España La Noche Temática; pero sin adolecer del "para elites culturales" del que que a mi juicio adolece Arte.
Para los del lado de acá y que aún no se hayan hecho adictos, entréguense. Basta de miles de muertos ficticios y ajenos en Foxes, Warners y Universals, en Encuentro también hay ciclos de cine con selecciones buenísimas, documentales de naturaleza de producción ajena de altísimo nivel... etc.
Faltaba la parte de la diatriba (a que algunos la echaban de menos). Hace poco, en una película o serie de suspense/o, el investigador decía "la explicación más sencilla suele ser la verdadera". Creo que más allá de los montones de defectos de este gobierno, es un hecho el que apuesta por la educación. Sólo la educación nos iguala, y para los que de verdad creemos en la igualdad, es una gran noticia, y al mismo tiempo, tenemos que hacernos a la idea de que eso está en peligro. Porque frente a eso, están los que creen en el "entretenimiento", eufemismo donde los haya por telebasura, europea o tinellísticamente argentina. Eso es lo que está en discusión en la Argentina en este momento, por más que los medios monopólicos traten de ocultarlo. Un pueblo educado frente a una masa ignorante. Esa es la disyuntiva.
Encuentro es un hecho de este Gobierno, sólido, indiscutible. Lo demás son sólo palabras.
Hechos, no palabras.
Res non verba.
Las vacas no hablan. Ni siquiera las argentinas, (a pesar de lo que diga el campo)
Bien, pasada la diatriba, sonriamos otra vez. Encuentro lo merece. Disfrútenlo.
http://www.encuentro.gov.ar/home.aspx
domingo, 4 de octubre de 2009
viernes, 25 de septiembre de 2009
Tres encuentros
Hay veces que uno entiende.
Y hay veces que uno no entiende.
Pero uno no se desentiende.
Mejor lo cuento.
Encuentro número 1-Jueves 18hs
Y hay veces que uno no entiende.
Pero uno no se desentiende.
Mejor lo cuento.
Encuentro número 1-Jueves 18hs
Autopista San Luis -Merlo, señor que hace dedo a la salida de un pueblo, lo subimos. Señor trabaja en Vialidad provincial desde hace 34 años. Nosotros extraños en esa tierra, qué tal están las cosas por acá, y bueno, pensando en jubilarme ya, el sueldo ya no alcanza, antes ganábamos más o menos bien, pero ahora no alcanza y encima los viáticos tardan tres meses en pagarlos cuando los pagan, así que tengo que poner plata de mi bolsillo para moverme entre pueblo y pueblo; además no están tomando a nadie, ponen a gente del Plan que sale más barata, pero la gente del Plan no quiere trabajar, prefieren estar en el terrenito y cobrar el plan antes que trabajar. Así que las cosas están cada vez peor. Por suerte tenemos la casa de mi hija, con lo que cobre de jubilación ahí nos vamos a arreglar.
Encuentro número 2 - Viernes 14 hs
En el bello San Javier de Traslasierra, Córdoba, restaurant con jardín, tarde soleada de fin de invierno, vivas voces de atrás de nuestra mesa, que dicen por ejemplo entrar en San Luis es como entrar en Disneylandia, viste las autopistas que tienen, si hasta luces tienen, y decía el Adolfo usted compare lo que cuestan el km de nuestras autopistas con lo que cuesta un km hecho por Vialidad, esto cuesta mucho menos, y además lo hacen con la gente del Plan, que está perfecto, así esa gente recupera la cultura del trabajo, la verdad es que eso es lo que hay que hacer, así se hacen las cosas.
Glub. Dos versiones opuestas, 20 horas de diferencia entre una y otra. Eso sí. Ahora hacemos la transición que nos ubica. Este grupo de gente disfrutaba de una maravillosa comida, al solcito; en un momento el vocero que hablaba de San Luis/Disneylandia despotricó con su coro puntano-burgués contra algo del gobierno nacional (ahí desenchufamos un rato, sino nos iba a caer mal la humita en chala); para terminar, mientras se dirigía por entre las verdes praderas a su Honda CRV flamante, cristales tintados y sin chapa, proclama con amargura "y así estamos". ¿Cómo estamos? ¿Estamos? ¿Cómo se atreve?
Encuentro número 3 - sábado 15 hs
Recorrida del Museo Rocsen de Nono de la mano de su fundador Santiago Bouchon, 81 años y energías intactas. A la vista de un enterramiento comechingon localizado y reconstruido por él mismo nos cuenta algo que en realidad todos sabemos, que es que no hay realmente razas: todos somos genéticamente iguales. Sólo la especialización por el clima y la geografía nos dan un aspecto diferente, como quien se cambia de vestido. Nada más. En medio de esta explicación-alegato un completo desconocido se me acerca por detrás y me susurra al oído "preguntále de qué raza es Kirchner". Siento que algo se derrumba dentro mío, de la misma manera que lo haría el enterramiento comechingón que tengo delante si le quitara una piedra de las angulares. Y es así porque hay algo de locura absoluta en esta situación. Uno no puede contestar. Uno está en medio de un Museo extraordinario por muchos motivos, cuyo apasionado director lo viene levantando piedra a piedra desde hace décadas, en medio de la sierra y a la vista del cerro Champaquí himself, en un día maravilloso de fin de invierno. Y alguien, expuesto a los mismos estímulos (museo, apasionado director, Champaquí, clima, etc) no sólo es impermeable a los mismos sino que no puede evitar contaminar todo a su paso con su glifosato verbal/intestinal.
Y ahora que escribí esto último, acabo de caer: para ellos, somos las (malas)hierbas de este país: tenemos que ser glifosatados. Cada tanto nos saldrá uno como ése, herbicida en mano, exigiéndonos que "dialoguemos", o seremos glifosatados, como ya lo fuimos hace 33 años.
¿Y qué convierte a alguien que a priori es alguien que disfruta de la vida (sino cómo demonios llegó hasta ese lugar hermoso) en alguien que se arruina la vida y arruina la de los demás? (y tan encegecido que desconoce la simple aritmética de que tiene más de un 30% de posibilidades de cruzarse con alguien que le conteste mal)
Hay medios para hacerlo.
Encuentro número 2 - Viernes 14 hs
En el bello San Javier de Traslasierra, Córdoba, restaurant con jardín, tarde soleada de fin de invierno, vivas voces de atrás de nuestra mesa, que dicen por ejemplo entrar en San Luis es como entrar en Disneylandia, viste las autopistas que tienen, si hasta luces tienen, y decía el Adolfo usted compare lo que cuestan el km de nuestras autopistas con lo que cuesta un km hecho por Vialidad, esto cuesta mucho menos, y además lo hacen con la gente del Plan, que está perfecto, así esa gente recupera la cultura del trabajo, la verdad es que eso es lo que hay que hacer, así se hacen las cosas.
Glub. Dos versiones opuestas, 20 horas de diferencia entre una y otra. Eso sí. Ahora hacemos la transición que nos ubica. Este grupo de gente disfrutaba de una maravillosa comida, al solcito; en un momento el vocero que hablaba de San Luis/Disneylandia despotricó con su coro puntano-burgués contra algo del gobierno nacional (ahí desenchufamos un rato, sino nos iba a caer mal la humita en chala); para terminar, mientras se dirigía por entre las verdes praderas a su Honda CRV flamante, cristales tintados y sin chapa, proclama con amargura "y así estamos". ¿Cómo estamos? ¿Estamos? ¿Cómo se atreve?
Encuentro número 3 - sábado 15 hs
Recorrida del Museo Rocsen de Nono de la mano de su fundador Santiago Bouchon, 81 años y energías intactas. A la vista de un enterramiento comechingon localizado y reconstruido por él mismo nos cuenta algo que en realidad todos sabemos, que es que no hay realmente razas: todos somos genéticamente iguales. Sólo la especialización por el clima y la geografía nos dan un aspecto diferente, como quien se cambia de vestido. Nada más. En medio de esta explicación-alegato un completo desconocido se me acerca por detrás y me susurra al oído "preguntále de qué raza es Kirchner". Siento que algo se derrumba dentro mío, de la misma manera que lo haría el enterramiento comechingón que tengo delante si le quitara una piedra de las angulares. Y es así porque hay algo de locura absoluta en esta situación. Uno no puede contestar. Uno está en medio de un Museo extraordinario por muchos motivos, cuyo apasionado director lo viene levantando piedra a piedra desde hace décadas, en medio de la sierra y a la vista del cerro Champaquí himself, en un día maravilloso de fin de invierno. Y alguien, expuesto a los mismos estímulos (museo, apasionado director, Champaquí, clima, etc) no sólo es impermeable a los mismos sino que no puede evitar contaminar todo a su paso con su glifosato verbal/intestinal.
Y ahora que escribí esto último, acabo de caer: para ellos, somos las (malas)hierbas de este país: tenemos que ser glifosatados. Cada tanto nos saldrá uno como ése, herbicida en mano, exigiéndonos que "dialoguemos", o seremos glifosatados, como ya lo fuimos hace 33 años.
¿Y qué convierte a alguien que a priori es alguien que disfruta de la vida (sino cómo demonios llegó hasta ese lugar hermoso) en alguien que se arruina la vida y arruina la de los demás? (y tan encegecido que desconoce la simple aritmética de que tiene más de un 30% de posibilidades de cruzarse con alguien que le conteste mal)
Hay medios para hacerlo.
jueves, 27 de agosto de 2009
Poder ver, poder decir
Tengo un amigo que vende unas gafas que simulan la visión que uno tendría habiendo consumido gran cantidad de alcohol. Su clientela son academias para aprender a conducir, ayuntamientos, etc. La verdad es que cada vez que vende unas se pone muy contento; son caras pero me parece que eso no tiene que ver con su alegría, puesto que para hacerse rico tendría que vender decenas de miles. Creo que su pequeño triunfo tiene más que ver con lograr, a través de ese medio que son las gafas, mostrar una realidad alterada, que asusta, y con esa sensación prevenir el consumo de alcohol antes de la conducción o la conducción después de haber bebido.
A través de esa realidad alterada que el medio -las gafas- te presenta, ves las cosas de otra manera.
Ves las cosas como el medio te las muestra.
Estás mediatizado.
Y entonces releo, y reescribo recortando unas palabras:
"Creo que tiene que ver con lograr, a través de ese medio, mostrar una realidad alterada, que asusta".
Uff. Descubrir el verdadero sentido de una palabra trae consigo una sensación contradictoria: la alegría por el descubrimiento y la frustración por haberlo ignorado tanto tiempo.
Medio, medios.
Y, como medios que son, pueden ser transparentes, opacos, gaseosos, líquidos; el agua da una idea diferente del tamaño que el aire, extraña desde nuestro punto de vista terrestre; un zoom, un vidrio roto. Un caleidoscopio.
Medio, medios, los medios.
Ahora bien, imaginemos que un medio lo ocupa todo. Todo todo.
Sólo vemos las cosas como ese medio nos permite verlas. Sólo hay una visión de la realidad.
De eso va el debate que hoy comienza en el Congreso de la Nación Argentina sobre la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, vulgarmente Ley de Medios.
Y quien quiera ver esto como una batalla contra el Grupo Clarín puede hacerlo: quien monopoliza cualquier cosa debe ser combatido, sea el Grupo Clarín aquí, el Grupo Prisa en España, Telefónica en cualquier parte y unos cuantos etc. ¿No se horrorizan por los que compran grandes extensiones de tierra en la Patagonia, se mesan los cabellos por los que encierran vastas porciones de agua dulce en fincas privadas? ¿Por qué este caso debe ser diferente? Los que se llenan de emoción hablando de la gesta de Los Andes o de las Invasiones Inglesas deberían alborozarse ahora, porque se va a hablar de LA LIBERTAD.
De la libertad de ver, oír y leer lo que querramos. Pero por sobre todo, de que todos PODAMOS DECIR LO QUE QUERRAMOS Y TENGAMOS LA POSIBILIDAD DE SER ESCUCHADOS.
Nada más y nada menos.
Podremos ponernos las gafas para simular embriaguez, o de sol, o de aumento, y quitárnoslas cuando querramos.
O ver un caleidoscopio, que son tan lindos.
A través de esa realidad alterada que el medio -las gafas- te presenta, ves las cosas de otra manera.
Ves las cosas como el medio te las muestra.
Estás mediatizado.
Y entonces releo, y reescribo recortando unas palabras:
"Creo que tiene que ver con lograr, a través de ese medio, mostrar una realidad alterada, que asusta".
Uff. Descubrir el verdadero sentido de una palabra trae consigo una sensación contradictoria: la alegría por el descubrimiento y la frustración por haberlo ignorado tanto tiempo.
Medio, medios.
Y, como medios que son, pueden ser transparentes, opacos, gaseosos, líquidos; el agua da una idea diferente del tamaño que el aire, extraña desde nuestro punto de vista terrestre; un zoom, un vidrio roto. Un caleidoscopio.
Medio, medios, los medios.
Ahora bien, imaginemos que un medio lo ocupa todo. Todo todo.
Sólo vemos las cosas como ese medio nos permite verlas. Sólo hay una visión de la realidad.
De eso va el debate que hoy comienza en el Congreso de la Nación Argentina sobre la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, vulgarmente Ley de Medios.
Y quien quiera ver esto como una batalla contra el Grupo Clarín puede hacerlo: quien monopoliza cualquier cosa debe ser combatido, sea el Grupo Clarín aquí, el Grupo Prisa en España, Telefónica en cualquier parte y unos cuantos etc. ¿No se horrorizan por los que compran grandes extensiones de tierra en la Patagonia, se mesan los cabellos por los que encierran vastas porciones de agua dulce en fincas privadas? ¿Por qué este caso debe ser diferente? Los que se llenan de emoción hablando de la gesta de Los Andes o de las Invasiones Inglesas deberían alborozarse ahora, porque se va a hablar de LA LIBERTAD.
De la libertad de ver, oír y leer lo que querramos. Pero por sobre todo, de que todos PODAMOS DECIR LO QUE QUERRAMOS Y TENGAMOS LA POSIBILIDAD DE SER ESCUCHADOS.
Nada más y nada menos.
Podremos ponernos las gafas para simular embriaguez, o de sol, o de aumento, y quitárnoslas cuando querramos.
O ver un caleidoscopio, que son tan lindos.
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sábado, 1 de agosto de 2009
Postdata: El plus ultra de VW y Porsche
No se gana para sustos. Por lo menos, nosotros no: Wiedeking (sin señor, sin don, sin mr.) se acaba de llevar 50 millones de euros de indemnización por su salida de Porsche.
Bueno, no es tanto: apenas puede comprarse la mitad de Cristiano Ronaldo.
No le da ni para Kaká.
No voy a escribir sobre lo que Osvaldo Bayer, en el link que pego aquí, ya escribe mucho mejor. Vale la pena de verdad.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-129200-2009-08-01.html
Para quien no lo conozca, Osvaldo Bayer es el súmmum, la cúspide del “Esto no va a quedar así”.
Alguien de quien aprender a diario.
Por cierto, gracias a mi amiga Fernanda, a quien debo esta información. Está bueno saber que a
muchos nos conmueven las mismas cosas.
Bueno, no es tanto: apenas puede comprarse la mitad de Cristiano Ronaldo.
No le da ni para Kaká.
No voy a escribir sobre lo que Osvaldo Bayer, en el link que pego aquí, ya escribe mucho mejor. Vale la pena de verdad.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-129200-2009-08-01.html
Para quien no lo conozca, Osvaldo Bayer es el súmmum, la cúspide del “Esto no va a quedar así”.
Alguien de quien aprender a diario.
Por cierto, gracias a mi amiga Fernanda, a quien debo esta información. Está bueno saber que a
muchos nos conmueven las mismas cosas.
viernes, 24 de julio de 2009
Para el pueblo lo que es del pueblo: Volkswagen y Porsche
Recuerdo la primera vez que me crucé con un BMW X5, uno de los primeros 4x4 de lujo en salir a la calle; hará de eso 7, 8 años. No sé, algo me produjo una cierta incomodidad que no supe exactamente a qué atribuir, como un cosquilleo en la espina dorsal, de esos que aparecen cuando algo no te cierra/cuadra (es un blog bilingüe).
Supongo que para algunos de los que lean esto lo primero que se les aparecerá en la cabeza es: “cochina envidia”.
Hasta yo lo pensé.
Pero no.
En la medida en que los distintos fabricantes “top”, Audi, Mercedes, Volvo y otros fueron sacando sus modelos equivalentes, esta sensación se fue acentuando.
Pero la cúspide de esa incomodidad/extrañeza se produjo con la aparición del Porsche Cayenne.
Un superdeportivo super4x4 superdelujo.
Y ahí pude darle contenido a lo que me ocurría: estos mamotretos de lujo representan el “puedo y quiero todo todo todo”.
Y pensé/sentí: “esto es como lo que nos enseñaban en la escuela sobre la decadencia del imperio romano, comer hasta hartarse, vomitar para poder seguir comiendo”.
Y pensé/sentí: “esto es el fin, cuando un sistema genera estas cosas es que su colapso está cerca”.
Cosas que uno piensa/siente esperando –a pie- para cruzar en un semáforo de Madrid, con uno de esos monstruos relucientes delante, con señor y señora igualmente relucientes sentados inside.
“Cochina envidia”, seguirán pensando algunos de ustedes. No los culpo.
La aparición del Cayenne en el 2002 supuso un enorme éxito para Porsche: se transformó inmediatamente en el 70% de su producción y ventas. Pero aún así estamos hablando de un coche del que en estos 7 años se han fabricado 250.000 unidades; en el último año se produjeron 45.000. O sea, poco, minoritario, lo normal para unos coches de estas características.
Y sin embargo, desde hace un par de años que Porsche está a punto de comprar Volkswagen.
Volkswagen produjo el último año 6.200.000 coches, entre los propios VW, Audis, Seats, Skodas y no sé qué más.
100 veces la cantidad de coches que produce Porsche. Y batiendo records de producción, desplazando a Ford al cuarto lugar a nivel mundial.
Pero hasta hace días, seguían discutiendo cómo compraría Porsche a Volkswagen.
Volkswagen significa “coche del pueblo”.
Bueno, no soy tan iluso, sé que la creó Hitler maldito sea, sé que es una multinacional tan cabrona como cualquier otra. Pero entra dentro de la “normalidad” con/contra la que confrontamos. Lo de Porsche dueña de Volkswagen ya estaba fuera de lo (no encuentro la palabra). Pues eso, cosquilleo en la espina dorsal.
Pero va a ser que no. Porsche acaba de reconocer que debe 9000 millones de euros, y que fracasó en su intento de ampliar capital para poder comprar Volkswagen, comió hasta hartarse, vomitó… y los echaron del restaurant.
Así que Volkswagen se queda con Porsche, el pez grande se come al fanfarrón pero pez chico al fin.
Todo como corresponde.
Así que el cosquilleo en le espina dorsal cuando me cruzaba con los Cayenne y sus iguales Q5, Toauregs (por cierto, de VW, jaja) y todos sus primos irá remitiendo.
Los seguiré viendo, pero ya no tan nuevos y relucientes, no tan insultantes en su despilfarro decadente, montones de Madoffs de tracción a las 4 ruedas que –por un tiempo por lo menos- ya no serán.
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jueves, 25 de junio de 2009
Stieg Larsson y la lucha contra la impunidad
Creo que en la impunidad se esconden TODOS los males del mundo actual.
Creo que, concretamente en Argentina, el proceso de degradación moral que condujo al menemismo y alcanzó su paroxismo durante el mismo se explica exclusivamente en la impunidad de los crímenes de la dictadura.
La impunidad es un mensaje explícito a la comunidad de que no hay regla que no pueda ser violada.
Creo asimismo que en España, la impunidad de los crímenes de la Guerra Civil y de la posguerra tuvo el mismo efecto en la sociedad española, y sus resultados pueden verse en la actualidad.
Creo que este hecho es constatable en cualquier lugar del mundo.
Stieg Larsson, para quienes aún no lo sepan, es autor de la trilogía Millenium, de la cual se han vendidos millones de ejemplares en todo el mundo.
Lo confieso: huyo de los best sellers como de la peste. No leí el Código Da Vinci, ni Los Pilares de la Tierra (pido perdón desde aquí a una amiga que me lo regaló hace 6 años, hasta con una dedicatoria… ¡lo siento!). Es probable que me haya perdido algo. Nunca lo sabré.
Sin embargo, cayó en mis manos “Los hombres que no amaban a las mujeres”. En realidad, esto no es así exactamente; estaba encima de una cómoda, la misma en la que lo había dejado mi esposa después de tragarse sus casi 700 hojas en dos días. El criterio de mi mujer es totalmente fiable para mí, por lo que decidí que alguna vez lo leería, y efectivamente así ocurrió sólo 9 meses después (todo un parto).
Leí 324 hojas consecutivas hasta casi amanecer, leí el resto antes de terminar el día siguiente.
Es cierto que tiene todos los ingredientes para ser un best seller.
Pero hay algo más.
Quizás para explicarlo, hace falta pensar en quien era Stieg Larsson, o mejor dicho, que hacía Stieg Larsson mientras no escribía novelas impresionantes.
Stieg Larsson era periodista, reportero de guerra. Era un experto en el estudio de la extrema derecha en Suecia, participó en la fundación de una organización llamada Stop the Racism, a la que siguió la Expo Foundation, y dirigió su revista, Expo, desde la cual denunciaba los vínculos de la extrema derecha con los grandes grupos económicos.
Y todo esto está presente en su obra. Los héroes son héroes que luchan contra la impunidad, la de los crímenes del pasado, y la de los del presente. Y aunque a veces se sientan tentados a hacerlo, no dejan pasar una.
Y Larsson se esfuerza de principio a fin en mostrarnos que los crímenes del presente son consecuencia directa de la impunidad de los crímenes del pasado.
Da cierta esperanza pensar en que el éxito de esta novela, producto inicialmente del boca a oreja, sea debido a eso: a su mensaje militante, contra la impunidad, contra el racismo, contra la violencia de género. Y que este mensaje cale y cale entre los millones de lectores, los que ya lo han sido, y los por venir.
Stieg Larsson fue un adicto al esto no va a quedar así. Y lo puso en práctica hasta su último día.
No hay que dejar pasar una.
Creo que, concretamente en Argentina, el proceso de degradación moral que condujo al menemismo y alcanzó su paroxismo durante el mismo se explica exclusivamente en la impunidad de los crímenes de la dictadura.
La impunidad es un mensaje explícito a la comunidad de que no hay regla que no pueda ser violada.
Creo asimismo que en España, la impunidad de los crímenes de la Guerra Civil y de la posguerra tuvo el mismo efecto en la sociedad española, y sus resultados pueden verse en la actualidad.
Creo que este hecho es constatable en cualquier lugar del mundo.
Stieg Larsson, para quienes aún no lo sepan, es autor de la trilogía Millenium, de la cual se han vendidos millones de ejemplares en todo el mundo.
Lo confieso: huyo de los best sellers como de la peste. No leí el Código Da Vinci, ni Los Pilares de la Tierra (pido perdón desde aquí a una amiga que me lo regaló hace 6 años, hasta con una dedicatoria… ¡lo siento!). Es probable que me haya perdido algo. Nunca lo sabré.
Sin embargo, cayó en mis manos “Los hombres que no amaban a las mujeres”. En realidad, esto no es así exactamente; estaba encima de una cómoda, la misma en la que lo había dejado mi esposa después de tragarse sus casi 700 hojas en dos días. El criterio de mi mujer es totalmente fiable para mí, por lo que decidí que alguna vez lo leería, y efectivamente así ocurrió sólo 9 meses después (todo un parto).
Leí 324 hojas consecutivas hasta casi amanecer, leí el resto antes de terminar el día siguiente.
Es cierto que tiene todos los ingredientes para ser un best seller.
Pero hay algo más.
Quizás para explicarlo, hace falta pensar en quien era Stieg Larsson, o mejor dicho, que hacía Stieg Larsson mientras no escribía novelas impresionantes.
Stieg Larsson era periodista, reportero de guerra. Era un experto en el estudio de la extrema derecha en Suecia, participó en la fundación de una organización llamada Stop the Racism, a la que siguió la Expo Foundation, y dirigió su revista, Expo, desde la cual denunciaba los vínculos de la extrema derecha con los grandes grupos económicos.
Y todo esto está presente en su obra. Los héroes son héroes que luchan contra la impunidad, la de los crímenes del pasado, y la de los del presente. Y aunque a veces se sientan tentados a hacerlo, no dejan pasar una.
Y Larsson se esfuerza de principio a fin en mostrarnos que los crímenes del presente son consecuencia directa de la impunidad de los crímenes del pasado.
Da cierta esperanza pensar en que el éxito de esta novela, producto inicialmente del boca a oreja, sea debido a eso: a su mensaje militante, contra la impunidad, contra el racismo, contra la violencia de género. Y que este mensaje cale y cale entre los millones de lectores, los que ya lo han sido, y los por venir.
Stieg Larsson fue un adicto al esto no va a quedar así. Y lo puso en práctica hasta su último día.
No hay que dejar pasar una.
domingo, 21 de junio de 2009
Sojanismo (y III)
Recuerdo aquel día perfectamente. Los que estábamos (y estamos) del otro lado del zoológico vimos con preocupación cómo decenas de miles de creyentes, residentes en los barrios aledaños al Monumento a los Españoles –en los cuales viven según el último Censo más de medio millón de almas- se desplazaban a pie desde sus pisos, semipisos y mansiones y se mezclaban con los practicantes sojanistas venidos del interior del país. Se me ocurre que percibían en la amenaza al sojanismo un reflejo de lo que fue su dramático despertar del éxtasis de los 90; los atravesaba el miedo a perder lo que en realidad nunca habían perdido.
Adhirieron fanáticamente al sojanismo.
Un comentarista de la TV presente en el acontecimiento, cansado de repetir una y otra vez “multitudes sojanistas”, rebuscó entre sus conocimientos de latín y dio con el vocablo adecuado para describir lo que veía: gente (gens). La gente era la que ocupaba masivamente el espacio transzoológico, y como la gente son las propiedades, acontecimientos y personas que se hallan de aquel lado. Aunque desde éste, a veces nos referimos a ellos de otra manera.
Sin embargo, lo que hace inolvidable aquel día es mucho más inquietante: de todos los discursos, tanto de los pronunciados por sojanistas practicantes, como de los de los creyentes, podía extraerse el mismo mensaje: Sojanismo o Muerte. Un escalofrío: los que hemos vivido lo suficiente sabemos que en la Argentina estas cosas no se dicen porque sí.
Y perdimos.
La situación actual es la siguiente: los que practican el sojanismo en forma intensiva exigen ahora que no sólo se les permita seguir ejercitando su adicción sin interferencia ni gravamen alguno, sino que además todos adhieran a sus prácticas. Y los que no, que se vayan. O que se callen. O que se mueran.
Mi conclusión, cuando reviso la historia de nuestro país, es que el sojanismo siempre existió. Había un sojanismo avant la lettre en el acto de tirar manteca al techo (aunque en ese entonces sólo estuviera elaborada con grasas animales); era sojanismo la súbita fe católica del 55, fue sojanismo el exterminio de los pueblos originarios y apropiación de sus tierras, y es consecuencia de ese bucle sojanista el éxodo continuo que alimenta nuestras villas.
No vimos el Fin de la Historia. ¿Podremos ver el Fin del Sojanismo?
¿Podremos ver el des-Enlace?
EXTRA, EXTRA
Nos llegan a esta redacción unas líneas atribuidas al rapsoda de Gualeguaychú, y que, según fuentes bien informadas, decoran una de las salas de uso individual de la sede sojanista de dicha ciudad.
VERSOS SOJÁNICOS
Yo glifosato
Tú glifosatas
Él glifosata
Nosotros glifosatamos
Vosotros glifosatáis
Ellos mueren
Yo glifosato
Tú glifosatas
Él glifosata
Nosotros glifosatamos
Vosotros glifosatáis
Ellos mueren
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